El caudillo sandinista gobernó la década de los 90 a través de asonadas, huelgas y paramilitarismo, pero ahora en la presidencia, gobierna a través de leyes violentas para someter a los ciudadanos y callar la libertad de expresión.

Emiliano Chamorro Mendieta| Especial para SOSViolencia

Imágenes Cortesía

En julio de 2018, el país estaba tomado por autoconvocados que demandaban la salida del poder de los dictadores, Daniel Ortega y Rosario Murillo, en el poder desde el 2007.

Para entonces, se acercaba el 19 de julio, la fecha emblemática del partido gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), para celebrar el derrocamiento del dictador, Anastasio Somoza.

Los tranques en las principales ciudades del país impedían a Ortega celebrar, por lo que, junto a su esposa, Rosario Murillo, dieron la orden de ejecutar la operación limpieza “al costo que fuera”, según lo reveló en su momento, el propio comisionado general y subdirector de la Policía Nacional, Ramón Avellán, quien precisamente es uno de los funcionarios del régimen sancionado por los Estados Unidos, por crímenes y violaciones a los derechos humanos en Nicaragua.

Avellán confeso ante los medios de comunicación oficialistas y sus redes sociales, que limpiarían Monimbó y Masaya “al costo que sea”.

 Y la orden de Ortega y Murillo se cumplió; Masaya, Carazo, León, Managua y otras ciudades del país, fueron cruelmente atacadas por las fuerzas combinadas de antimotines, fuerzas de choque, palas mecánicas, camiones y paramilitares. Decenas de muertos se contaban por toda Nicaragua ante la funesta operación, para que Ortega y Murillo, celebraran en medio de ríos de sangre su 19 de julio en plaza pública en el 2018, como lo hacen desde julio de 1979.

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